Cierto es que, en el mundo, los políticos no tienen un particular aprecio por los periodistas y por la prensa. En México, caso del que nos ocuparemos en este trabajo, Vicente Fox los ha llamado el "círculo rojo" ó "los contreras", mientras que Rosario Robles se ha referido a reporteros del periódico "Reforma" como "La Gestapo". Los priístas, en cambio, con mayor oficio de gobierno, son más cuidadosos en público, pero en privado, se unen a las quejas de los otros dos partidos políticos importantes.

De manera que el poder está resintiendo al contrapoder; un fenómeno que no empezó el 2 de julio del año 2000, muy a pesar de los afanes foxistas por explicar la historia nacional alrededor del momento de su elección. En realidad, el proceso de transformación de las relaciones entre la prensa y los políticos mexicanos dio inicio a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta –cuando menos una década antes de que el ranchero de Guanajuato descubriera su tardía vocación de servicio público–. Pero, ¿cómo se empezó a gestar el cambio en la relación? ¿Quién o qué lo propició? ¿Quiénes son los poderosos y quiénes los impunes, los medios o los políticos?

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